Mara's profileLA IMAGINACIÓN AL PODERPhotosBlogListsMore Tools Help

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    October 26

    ANOCHE TUVE UN SUEÑO por Francine

    "Nada ha cambiado. No sé quién se creyó el cuento de que éste era el país de las piruletas y podíamos pasarnos el día dando saltitos entre campos de margaritas. Bueno, ni éste ha cambiado nada, ni en ninguno. Por que vinieran y nos dijeran que todo iba bien, ó que todo iba a ir bien, no suponía que quien lo decía estuviera en poder de la verdad absoluta.
    El género humano perse es un género cargado de desaciertos y defectos; somos seres vivos tarados en muchos aspectos, y parece que se nos hace demasiado cuesta arriba tratar de rectificar y enmendarnos. Es una pena, pero ya pasaron los tiempos que se suponía que tenían que ser mejores. A veces pienso en ello, dado que soy alguien proclive a quedarse asentado en el pasado y regocijarse en los recuerdos en lugar de luchar por el día a día, que yo también reconozco los defectos de fábrica que vienen conmigo. Hay quien se acoge a la teoría de que los tiempos mejores aún tienen que venir y lo malo quedará sólo como una vaga remembranza de algo que debe olvidarse pronto. Otros abogan porque los tiempos prósperos siempre fueron los que ya no están para disfrutarlos, ó aquellos maravillosos años. Depende tal teoría del cristal con que se mire, como todo. Supongo que los optimistas a ultranza guiarán sus pasos hacia un futuro mejor y más prometedor que lo que ya haya sido ó esté siendo. Y los pesimistas recalcitrantes no verán nunca abrirse una puerta ni una ventana, ni nada que se le parezca. No todos íbamos a ser perfectos, por favor. Y en la variedad está el gusto. Yo me encuentro en un punto intermedio. Añoro lo que se fue pero sigo siendo una idealista soñadora que se resiste a perder la esperanza de que lo que pueda venir no sea mejor. Sin embargo, no pienso que haya que decantarse por un lado de la balanza ó por el otro. No es cierto que cualquier tiempo pasado fuera mejor. En el pasado seguro que hubo cosas buenas y cosas malas, como las hay en el presente y como las habrá en el futuro. La única diferencia es que hay hombres y mujeres que siempre se quedan con los buenos recuerdos, y por eso añoran lo que ya pasó ante el miedo que supone que lo que está por venir guarda un grado altísimo  de incertidumbre que puede hacer correr la suerte con un signo ó con otro, y prefieren quedarse con lo que ya conocen. Y hay otros hombres y mujeres que sin embargo se acogen a los malos recuerdos, son inconformistas natos, y aguardan con ansiedad el futuro por ver si éste les depara algo mejor que lo que ya tienen y tuvieron. El caso es que muy pocos se atreven a habitar el presente, que es en definitiva lo único real, y por tanto lo único verdadero, y lo dejan como un tiempo vacío que ayuda a transitar entre lo que fueron y lo que serán, sin pararse a vivir lo que son.
    Todo esto viene a cuento del terrible episodio de candente actualidad que tuvo lugar hace unos días en el metro de Barcelona, y que fue debidamente captado por cámaras y difundido por los medios de comunicación; y digo debidamente por decir algo, que conste. Un joven está hablando por teléfono. Se levanta y divisa entre su animada plática al aparato a una adolescente sudamericana que viaja tan tranquilamente como él. Sin venir a cuento comienza a importunarla hasta el punto de propinarle gratuitamente una patada en la cara, momento sobrecogedor sin duda. El hecho se convierte en noticia. Tanto él como ella, a su modo cada uno, se ganan sus respectivos minutos de gloria. Ella alega que la llamó inmigrante, él se defiende diciendo que no es racista. Y el resto nos echamos las manos a la cabeza porque sigan pasando estas cosas. Y a partir de ahí, circo mediático. Llamadas del presidente de Ecuador, que se acuerda sólo de Santa Bárbara cuando truena y les ofrece apoyo a la joven agredida y su familia vía telefónica, sin pararse a pensar que ese apoyo no habría venido nada mal cuando llegaron éstas a España con una mano delante y la otra detrás, y muy crudo el panorama para sacarse las castañas del fuego. Y que quizás tampoco les vendría mal a todos los compatriotas que a día de hoy siguen intentando sacarlas. Viaje relámpago de la ministra de exteriores y flashes a las puertas del juzgado, donde la joven aparece en plan estrella, con gafas de sol y abogado incluidos, y paparazzi intentando captar la imagen del muchacho.
    Peor hubiera sido que nos hubiéramos quedado como si nada, que tampoco voy a pintarlo todo tan negro, ¿pero realmente es digno de sorpresa un hecho así? Si siguen siendo habituales las desconfianzas hacia la gente que viene de fuera, que viste otro color de piel u otra cultura. Está bien que la inmigración ha traído muchos quebraderos de cabeza, pero esto es como ponerse en la piel de "qué bien estábamos siendo los que éramos, tan tranquilitos en casa...". Por otra parte, abriendo bien los ojos, deberíamos aprovechar la posibilidad del mestizaje que se nos está poniendo en bandeja, ése que alimenta a los pueblos, a las culturas y a los seres humanos en general. Pero digamos que éste es el camino difícil. Es mejor decir, yo no soy racista hasta que me toca serlo.
    Aquí, como en cualquier parte, hay gente mala y gente buena; y en los países de donde son oriundos todos los que hoy residen en el nuestro también hay gente mala y gente buena, por lo que hasta nuestro humilde trozo de tierra habrá llegado de todo.
    Dicho esto, me viene a la mente un episodio histórico. Todavía a mitad del siglo pasado el racismo estaba a primerísima orden del día en el que, dicen, es el país más desarrollado del mundo. Un hecho, con cierta similitud al que ha acaecido en la actualidad, marcó el inicio de otra época para los que lo habían sufrido. En Montgomery, una mujer negra fue arrestada por no cederle su asiento a un hombre blanco. Porque entonces los negros podían viajar en transporte público, pero los blancos gozaban de supremacía a la hora de ir cómodamente sentados. La mujer no pasó por el aro y esto desencadenó la lucha de Martin Luther King para que el color de piel no marcara las diferencias entre los seres humanos, y equiparar los de la gente de piel negra a los de los que no la tenían. La historia terminó como siempre. Tiro al que molestaba, y a otra cosa, mariposa.
    Él comenzó diciendo un día: "I have a dream". Lo malo en esta época nuestra es que los sueños ya no están permitidos, como tampoco lo estaban en aquélla. De acuerdo con que el muchacho alteró la convivencia pacífica que todos debemos respetar, que aquí somos muchos y si nos salimos todos del tiesto se puede armar la marimorena. Que pague por ello, pero los juicios paralelos, las manos en la cabeza, los gritos en el cielo, los golpes en el pecho y las indignaciones están de más viniendo de nuestras propias bocas.
    I have a dream too. Soñé que éste era el país de las piruletas y que yo corría dando saltos entre campos de margaritas. Desafortunadamente, abrí los ojos para comprobar que por más que pase el tiempo, nada ha cambiado.