Mara's profileLA IMAGINACIÓN AL PODERPhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    June 30

    LOS HOMBRES DE MI VIDA por Francine

    "Virtud ó defecto, mi abrumadora y efectiva al cien por cien capacidad enamoradiza ha marcado hasta el momento la existencia que llevo recorrida, y ha configurado cuanto fui y cuanto soy, y probablemente cuanto seré, con la ayuda de lo que siga arribando a mi vida.
    Indudablemente, después de hablar del granito de arena que yo aporto a la historia, he de comenzar a hablar del tanto por ciento numeroso y abrumador que pusieron -y espero que sigan poniendo- todos los que ocuparon en algún momento el papel estelar, y que lo siguen ocupando por mucho que pasen los años, nos dé vueltas la vida, ó lleguen nuevos compañeros. Ellos son LOS HOMBRES DE MI VIDA.
    Si tengo que empezar por alguno, abriré la lista con James Dean. Recuerdo que no lo conocí a edad temprana; al menos no tanto como hubiera podido conocerlo con la consabida presencia mediática que tenía aunque hubiese abandonado el mundo de los mortales hacía varias décadas ya.
    Mi amiga Susana me contagió la pasión enfermiza que sentía ella, y que yo transformé en el amor más platónico de todos. Con nuestras quince primaveras -bueno, las suyas, porque a mí aún me faltaba para mi decimoquinto verano-, relegábamos a un segundo plano la obligación de asistir a clase de latín -la única en la que no se penaba la falta de asistencia- para ir hasta las gradas del patio y visionar el libro de fotografías de James, que ambas compartíamos como una reliquia. La verdad es que fue para mí toda una sorpresa enterarme de que no había protagonizado más que tres películas, y sin embargo gozaba de la fama que otros tenían con mayor bagaje a sus espaldas, pero cuando asistí al pase de cada una de ellas, comprendí porqué Jimmy se hizo famoso con salir simplemente tres veces en la pantalla. Sus personajes atormentados eran él mismo, y nosotros mismos al tiempo. Los encarnó como nadie, y dudo que alguien lo haya hecho tan bien como él después. Pero lo que más nos gustaba era ese rostro de niño malo que tenía buen corazón. Ése que igual que te metía en problemas, te sacaba de ellos. Ése que fue un rebelde sin causa -qué mejor rebeldía que ésa-. Ése que dijo que la mejor virtud del hombre es la inmortalidad, y que la cumplió, porque dudo que desde su desaparición hasta hoy -y lo que siga viniendo- alguien no tenga tiempo para pensar en él. No cayó en el olvido, y aunque el libro que venerábamos cuando éramos quinceañeras, y que se perdió como tantas cosas de esa época, ya no sea nuestra biblia, yo acudo a ojearlo de vez en cuando, para tener fresca en mi memoria la imagen de ese miope vergonzoso, pero tierno como el queso.
    Y si continúo en esta línea, nombraré a mi siguiente amor platónico. Recuerdo que iba acompañada de mi madre cuando ésta compró una revista que celebraba los setenta años del varón más hermoso que haya pisado alguna vez la faz de la tierra: el señor Paul Newman. Jamás contemplé un rostro tan perfectamente angulado, ni unos ojos mejor coloreados que los suyos, por no hablar del resto del conjunto, que le hace honor a lo ya descrito. Les gustó a mi abuela y sus amigas, a mi madre y las suyas, y a mí y las mías. Es el guapo por antonomasia, aunque para gustos estén los colores y lo importante esté en el interior. Pero a nadie le amarga un dulce, y Paul Newman es quizás la tarta más empachosa que haya existido jamás.
    Terminaré la trilogía de amores hollywoodienses con Humphrey Bogart, la antítesis perfecta de todo lo mencionado anteriormente. El tipo duro, pero bajito y feo, que no cesaba de fumar cigarrillos, que no tenía motivo alguno para ser galán, pero que en las distancias cortas -primer plano en la pantalla- ganaba todo el atractivo que les sobraba a los otros, se convertía en irresistible sin apenas gesticular. Casi despreciando a cuantos le estuviesen viendo, sabía colocarse su gabardina y el sombrero ladeado de "Casablanca" como nadie, y decir ése: Siempre nos quedará París... que es una buena esperanza en la que no creer durante demasiado tiempo, porque en esos casos, París siempre es un camelo.
    Es evidente que nunca me gustaron los niños buenos, y por eso renuncié a los DeNiro, Pacino, Pitt, Affleck ó Damon, y me quedé por el contrario con los Nick Nolte, Jack Nicholson ó Sean Penn. Cierro el ciclo cinematográfico con ellos.
    Otro de los amores de mi más tierna infancia -cuando la vida me colocó rodeada de varones de muy buen ver, y yo era una niña-, fue Miguel Bosé. Y creo que todavía no he encontrado a un hombre que me sugiera tanto atractivo como él. Obviando la etapa de DON DIABLO, etcétera, me quedo con el AMANTE BANDIDO, cuando por fin se decidió a cantar con voz de hombre, aunque llevara una escandalizante para la época, coleta, y falda pantalón. Cuantas veces le han tildado en mi presencia de maricón, y yo siempre he respondido lo mismo: ¡Qué vivan los maricones!!!
    Y como todo lo malo llega, y me fui haciendo mayor y aprendiendo ciertas lecciones que circulan como rumores por el mundo hasta que se comprueba su certeza, lo mejor que se puede encontrar en un contrario es siempre lo que lleva dentro, y ahí comencé a fijarme. En lo que provocaban en mi interior. Y ahí  me encontré con ese Ismael Serrano que empezaba como cantautor, y que en plena vorágine para definir quién era y cómo era yo, escribió las letras que yo pensaba, pero no decía, hasta que seguí su ejemplo y las grité al mundo. O ese Aute que una noche, al volver de un concierto, me instó a querer emular la letra de su canción La Belleza, y así nacieron muchas poesías y muchas más historias. Y mi querido Joaquín, al que me gusta más llamar Sabina, que siempre escribe lo que quiero oír. Que se personificó en un alquimista de las letras y retrata con ojos soñadores una realidad que sólo huele a podredumbre, y deja pocas puertas abiertas a la esperanza. A mí me gusta mirar a través de los ojos de Sabina, y reírme con su risa burlona, y decir barbaridades que escandalicen a los demás, sobre todo desde este puesto de dama que nunca fui.
    Las canciones de Sabina siempre son una buena banda sonora para cualquier momento de mi vida, y espero que sigan siéndolo.
    Ahora empiezo con mis escritores, los que me han dado todo lo que soy. El que más, don Miguel Delibes, que describió en un libro a la mujer que me gustaría llegar a ser, que creó ese imposible para mí, y que me hace perderme entre sus páginas como si hubiese llegado a mi paraíso, y estimula mi imaginación para tratar de imitarle salvando todas las distancias que median entre nosotros. Julio Cortázar, que me regala escenarios disparatados en los que todo puede pasar y en los que las locuras están tan a la orden del día como deberían estarlo en la cruda realidad. Ése doble perfecto del Ché, con ojos de gato que miraban al mundo con una óptica diferente, quizás esperando desde su pesimismo innato, la ilusión de que todo fuera mejor que ayer. Por cierto, ese Ché Guevara, espíritu libre, ideales en estado puro. Aquél que defendió que valía la pena morir por una idea, y al que tacharon de loco. ¿Por qué vale la pena morir según ellos? ¿Por una patria? ¿Por una religión? ¿Por un puñado de billetes? ¿Por otra persona? Yo prefiero las ideas, como él, porque eso es algo auténticamente nuestro.
    Últimamente el pelirrojo de Sartre también me tiene atrapada entre sus encantos, y Truman Capote, el gran genio Truman.
    Y ya para terminar, destaco al que espero que venga a rescatarme una noche, trepando por mi ventana y quitándose el antifaz (aunque ya no sé yo ahora). Ése que atesora mala leche, pero que tiene buen corazón y se deshace como una miga de pan ante lo que le resulta tierno y bello. Ése que domina la escritura, la imaginación, la vida, en definitiva. Ése que me enamora cada vez que escribe ó que habla. Ése al que guardo en el anonimato.
    Seguramente hay muchos más que incidieron notablemente y de los que ahora no recuerdo la cara ó el nombre. Aquí están los más importantes, y espero a nuevos que lo sigan siendo, pues no quiero perder nunca el afán de descubrir y sorprenderme con cada descubrimiento. Ellos me han hecho ser como soy, y son los hombres de mi vida".