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    June 29

    LEYENDAS DE PUEBLO II por Francine

    "No es una de mis pasiones ni de mis gracias la de repetirme, por esto de que todo lo que se repite no tiene buena fama, y que lo bueno si es breve, es dos veces bueno, ó nunca segundas partes fueron buenas, pero por esta vez voy a hacer una excepción, con el permiso de todo el que se tome la molestia de leerme.
    Si se entra de nuevas en este blog, remitiré al lector a unos cuantos posts atrás. El tiempo que se me queda libre restringe mis aportaciones escritas en este espacio a apariciones sólo mensuales, así que hay que echar la vista hacia el pasado de un año y un par de mes. El post, en concreto, recibió el título de "Leyendas de Pueblo"; este post quedará bautizado, como no podía ser de otra manera aunque no por esto le vaya a facilitar el acceso a mi agrado, como "Leyendas de Pueblo II".
    Y como tampoco podía ser de otra manera, tú eres el destinatario del mismo, querido Pascualín. Porque mira que quedaste advertido, mira que te cayó encima el peso de la ley social, que es uno de los que más duelen, y miles de lenguas dándole al cotilleo más puro y más duro que ponían sobre tu cabeza una manzana, que ésta vez ningún Guillermo O'Tell quería acertar, pues era más jugosa la otra alternativa de diana. Pero parece que tú te empeñas en no conocer el significado de la palabra "escarmiento". Bueno, realmente, y si por ti fuera, el diccionario ardería en la pila de libros inservibles, y la RAE quedaría clausurada, y los sabios que en ella laboran sin labor que hacer, porque con ésta no le dan la razón a la mayoría de tus acciones, y sólo tú tienes la razón, sólo tú quieres tenerla siempre.
    Aún no te has dado cuenta de que el mundo no es sólo cosa tuya, que no va a girar al son que tú marques, que no puedes gobernar cuanto acaezca en el planeta ni decir por dónde hay que ir ó no ir. Bueno, darte cuenta sí que te has dado, de eso estoy segura, pero prefieres mirar para otro lado, que es el arma de los cobardes y los incapaces para hacerle frente a la vida cuando ésta viene dando la cara, con seiscientos kilos de peso ó más, dos pitones grandes y afilados y ganas de envestir.
    Por eso tu estupidez te ha hecho creer que has mutado en balanza, y que en tus brazos se equilibra todo lo que ocurre ó no ocurre, y tienes potestad para dejar fuera lo que tu antojo considere innecesario, colocando el rasero de la justicia donde te conviene. Pero eso no es así, y aquí estamos los demás viéndote actuar, para compadecerte, porque las cuentas, Pascualín, llegará el momneto en que tendrás que rendírtelas tú solo, y entonces verás si el mundo era como tú decías, ó no.
    No voy a recordarte lo que ya hicisteis, y por lo que no has pagado todavía. Pero aún así, sabiendo que estaba mal hecho y todo, que no tuviste escrúpulos, ni sentimientos, ni vísceras, ni siquiera raciocinio para determinar que era perjudicial para ti hacerlo, lo has repetido. ¿Eres tonto, Pascualín? No quiero ofenderte ni insultarte con tal pregunta, es que realmente siento curiosidad por saber si es así ó no. Porque vamos, que por activa y por pasiva hayas quedado como un soberano cerdo, inclemente gusano que se arrastra por el polvo en el que, aunque no te lo creas, vas a convertirte como los demás, aunque te hayan dicho que no tenías que haber hecho lo que hiciste, tú reincides; como el cleptómano que vuelve a robar, ó el violador que vuelve a violar, ó el psicópata que vuelve a matar. Lo que pasa es que tú no tienes dolencia en la que ampararte que vaya más allá de la podredumbre que sufre tu alma, muerta en vida.
    De nuevo te has erigido en juez y en parte, cuando realmente tú ya no tienes nada que ver con nada. Ni voz ni voto, y mucho menos que señalar a nadie con ese dedo macilento, que debería caérsete a trozos de vergüenza, como el rostro. Tú no eres quien para poner en evidencia a otros, para convertirte en dictador, en condenador, en carcelero, no eres nadie, igual que todos. Tú no eres quien para regalar gratuitamente una vergüenza, para injuriar a otro. Porque ese otro seguramente fue más moderado cuando tú estabas en su lugar, te perdonó, te compadeció, te ayudó a levantarte, y no hundió el pulgar como lo haces tú, en su miseria más miserable.
    No has tenido en cuenta que cuando otros tuvieron la oportunidad, no ejercieron su derecho por ser buenas personas, lo que tú ya no tienes tiempo para ser, aunque vivieras mil vidas como ésta. De que a ti se te perdonó la vida, y al inocente que podía haber pagado por tus pecados, se le respetó.
    Ahora bien, Pascualín, sigue hundiéndote en la basura que has hecho de tu vida. Sigue haciéndole encargos mafiosos al señor Paracuellos, que otros seguirán plantándole cara, ó dándola, defendiendo sus derechos a ser como eres tú. Y si no te gusta, miras para otro lado, como estás tan acostumbrado a hacerlo. Que ya tendremos oportunidad de encontrarnos cara a cara para que no puedas esquivarme la mirada.
    Y como te dije la vez anterior, que existas tú me congratula para descubrir a quien también existe para llevarte la contraria y demostrar que el género humano no es tan vil como lo quieres hacer parecer.
    Ahora te guardo una sonrisa enorme, elevada a la enésima potencia. Sólo para ti, Pascualín".